
Jesús: EL Maestro
La Semana Santa o Semana Mayor es una oportunidad de acercarnos a ÉL, al Maestro, al Señor, al Mesías, al Cristo, aL Hijo de Dios o como Usted lo sienta, para que, identificándose con ÉL, recobremos en los Días Santos, la tolerancia, la comprensión y la nobleza hacia quienes han proferido ofensas que hieren nuestros sentimientos y que los contratiempos personales, familiares y económicos, sean reemplazados por pensamientos y acciones que nos acerquen a ÉL y a quienes al irse nos dieron la oportunidad de “darnos cuenta que tenemos alma porque su ausencia nos dolió”, si, a ÉL, a ellos y ellas que nos están esperando para que juntos el día de la resurrección, “reandemos lo andado”.
Profr. Ernesto Flores Cobos.
Superviviente de la Escuela Socialista de Lázaro Cárdenas, fue adscrito como Inspector Escolar a Santiago Ixcuintla, cabecera de la décima zona escolar y cuando la educación en todos sus niveles dependía del proyecto Ensayo Piloto de la UNESCO. De cerca de dos metros de estatura y largos brazos, la piel morena y el rostro inexpresivo y picadito de viruela, de trato exigente y huraño y de expresión sincera y contestataria con fundamento marxista. El “Profe Cobos”, infundía temor a los que pretendían engañarlo y seguridad a quienes respondían a su confianza con compromiso y honestidad, en él no había “medias tintas”, el profesor “debe tener vocación verdadera, capaz de abandonar a la familia, los amigos y las comodidades para lanzarse por el camino ignoto y fascinador del cambio social”. Muchos jóvenes profesores, nos consolidamos pedagógica e ideológicamente por su influencia y cuando él se retiró se le extrañó y todavía, se le recuerda con gran estima. “Que al reandar lo andado” las ilusiones de juventud se cristalicen con la vocación docente y la gran pasión socialista con la que enseñó el Profesor Cobos.
Superviviente de la Escuela Socialista de Lázaro Cárdenas, fue adscrito como Inspector Escolar a Santiago Ixcuintla, cabecera de la décima zona escolar y cuando la educación en todos sus niveles dependía del proyecto Ensayo Piloto de la UNESCO. De cerca de dos metros de estatura y largos brazos, la piel morena y el rostro inexpresivo y picadito de viruela, de trato exigente y huraño y de expresión sincera y contestataria con fundamento marxista. El “Profe Cobos”, infundía temor a los que pretendían engañarlo y seguridad a quienes respondían a su confianza con compromiso y honestidad, en él no había “medias tintas”, el profesor “debe tener vocación verdadera, capaz de abandonar a la familia, los amigos y las comodidades para lanzarse por el camino ignoto y fascinador del cambio social”. Muchos jóvenes profesores, nos consolidamos pedagógica e ideológicamente por su influencia y cuando él se retiró se le extrañó y todavía, se le recuerda con gran estima. “Que al reandar lo andado” las ilusiones de juventud se cristalicen con la vocación docente y la gran pasión socialista con la que enseñó el Profesor Cobos.
Juanita Cedano Torres QEPD.
De gran personalidad por su amabilidad y sus atributos físicos, “Juanita” como se le conoce todavía afortunadamente, destacó entre un grupo de maestras acaponetenses de gran participación política en la región norteña del estado de Nayarit. Fue maestra de grupo de primaria y de las primeras que se incorporaron a la planta docente de la escuela secundaria de Acaponeta. Cuando me encontraba prestando mis servicios en la secundaria de San Felipe Aztatán, le dieron la oportunidad de cubrir la subdirección, desde donde se ganó el cariño de todo mundo, por su gentileza y su “don de gente”. Ya como directora de esa pos primaria, permaneció en ella hasta su jubilación. Con Salvador García, el querido gordo Cuco Becerra, Ascensión Jasso y la inolvidable Mireya Cedano y otros compañeros de amistad arraigada dentro de la disidencia sindical, establecimos el principio que para contrarrestar el acoso político, lo mejor era cumplir la tarea docente encomendada, con ello, vencimos la resistencia de Juanita, ganándonos su afecto. Destacó de manera sobresaliente de Compañera Directora, la que por sus méritos en cierta ocasión, movilizó en su apoyo a todo el alumnado, todos sus compañeros y padres de familia, de la región de influencia de su escuela, cuando un grupo de profesores ajenos a ésta, pretendió de desalojarla por razones políticas. Lo anterior la convirtió en una de las abanderadas de la democracia sindical, cuando se dio el Movimiento Reivindicador del Magisterio. “Sabia virtud de conocer el tiempo”, entre otros, el gran mérito de Juanita, es haberse jubilado en el momento preciso, cuando mantenía el cariño, el respeto y el reconocimiento de quienes compartimos con ella, sus últimos años de servicio a la educación. A Juanita, todavía los pobladores de la margen izquierda baja del río Acaponeta, la recuerdan con emoción y afecto. A Juanita se le debe un merecido homenaje en Honor al Mérito Educativo. Maestra "Hasta reandar lo andado".
Gabriel Gómez Hernández.
Muy dado a poner sobrenombres a sus compañeros, Gabriel no se escapó de que se los regresarán, fueron varios los apodos con que lo etiquetaron y lo recuerdo por el más cariñoso de ellos: “Pechi”.Gabriel era de Buenavista, como dicen los tapatíos, “por ahí del rumbo de Ameca Jalisco”, donde todavía deben de radicar algunos de sus hermanos. Su padre, era un simpatiquísimo viejo, bien parecido, de pelo rizado desordenado y bigote arriscado, muy platicador de leyendas paranormales y de los pormenores de sus coterráneos. Su madre, toda una dama formal a la usanza tradicional, enagua hasta los tobillos, mangas hasta las canillas y zapatos cerrados con tacón a media altura, además, era muy religiosa, cubría la cabeza con rebozo de seda hasta cuando rezaba el rosario en casa y de un gran respeto para Don Salvador su marido. El Pechi, era una réplica exacta de su señor padre, daba la impresión que gozaba con caracterizarlo y todavía, agregaba detalles que le eran muy originales. Sus travesuras, sus dichos, sus historietas y sus ocurrencias, trascendieron por todo el territorio nayarita.Lo traté por muchos años, aún cuando en la mitad de ellos nos mantuvimos a una prudente distancia, la relación, el aprecio y el apoyo mutuo, siempre se hicieron patentes. Más de un favor personal le debo, pero, lo que más le agradezco es haberme dispensado su amistad.Su simpatía era arrolladora, muchos intentaron repetir sus gracias, pero el Pechi era inimitable. El Pechi tenía ángel, lo cual irradiaba a sus amistades. Eran célebres sus tertulias con los amigos y los profesores de las comunidades donde el trabajó, para ello, cualquier rincón era bueno para la rueda que se prolongaba hasta deshoras de la noche.En cuarenta y seis años y seis meses de servicio, no conocí, a ningún profesor con el ascendiente popular como el del Calistro, como se le conoció también, en Boca del Camichín y Puerta de Mangos, primeras comunidades costeñas donde dejó sus recuerdos.Fue líder de su zona de trabajo, impulsó a sus compañeros a fundar las primeras secundarias por cooperación, se enfrentó al Pagador Regional de la Federación, el cual, fue a parar a las Islas Marías y mantuvo en su región la primera lucha anticaciquil del magisterio en Nayarit. En la Escuela Normal Superior de Nayarit fue excelente Presidente de la Sociedad de Alumnos.También fue dirigente sindical seccional por más de quince años, Inspector Escolar y Jefe de Sector Educativo, en esta función se encontraba cuando una embolia cerebral lo imposibilitó. Después de una prolongada y sentida incapacidad dejó de existir. Su velatorio, reunió a la gran mayoría de sus amigos y fue exactamente, como a Gabriel le gustaban, respetuosos y con un ambiente pleno de anécdotas y vivencias del difunto, que en su caso, por ser tantas y tan recordadas, la noche se nos hizo corta. Su sepelio fue de lo más sentido, como que si “se requiere más valor para sufrir que para morir”. Jamás habrá otro como Gabriel “El Pechi” y su memoria nos acompañará siempre, por que estoy seguro, que allá, el carismático y soñador contestatario, el ingenioso y simpático cuentista y el generoso defensor de los amigos, nos está esperando para “reandar lo andado”.
Alejandro “El Gato” Castillón QEPD.
Al mediodía 7 de marzo, estuve a despedir los restos mortales del compañero y amigo Alejandro Castillón Valencia, también conocido, en alusión a sus verdes ojos como “El Gato Castillón”.
Mermado de sus facultades físicas y bajo la protección de su familia, vivía retirado del servicio educativo. De corte guevariano, solo un imponderable como la muerte podía doblegarlo.
Egresado de la Escuela Normal Urbana, donde fue un destacado líder estudiantil, se dedicó al desempeño de su magisterio, como un ameritado docente desde el banquillo de la escuela primaria, hasta ocupar, la cátedra en las instituciones formadoras de docentes. Dejó constancia de su pedagogía en la Escuela Normal Superior de Nayarit. Como educador fue relevante en el análisis, la crítica y la pedagogía de vanguardia. En sus últimos años activos, fue Director del CBTI de Ixtlán del Río y de las Escuelas Normales Experimentales de Atequiza y de Ciudad Guzmán.
En la confrontación política y el debate ideológico, como líder sindical, su discurso fue temido, inflexible y contundente. Por su participación en múltiples controversias, en la ENSN se le calificó como “Ave de Tempestades”, como ex Director de la ENSN, en honor a la verdad y en gratitud por su colaboración, diría que mas bien fue un “Halcón Desafiante de Tornados”.
Como luchador sindical jamás pidió cuartel ni nadie pudo darse el lujo de humillarlo. Siempre fue un digno oponente del cacicazgo de la Sección 20 del SNTE, a quien desafió con desdén, tan solo por tal osadía, se le debió permitir regresar a morir a su trinchera de origen, pero, “el látigo del cacicazgo trazó en el aire su rúbrica”.Alejandro supo hacer amigos, los que así nos consideramos, supimos de su generosidad y nobleza. Algunos conservamos su amistad, cómo y cuánto, hasta que él quiso. De los que no la conservaron, siempre comprendió sus razones para ello. Al final todos lamentamos su pérdida. Alejandro: “Hasta reandar lo andado”. Maestro. Enrique Figueroa Romero. Director de la Unidad 181 UPN.
Al mediodía 7 de marzo, estuve a despedir los restos mortales del compañero y amigo Alejandro Castillón Valencia, también conocido, en alusión a sus verdes ojos como “El Gato Castillón”.
Mermado de sus facultades físicas y bajo la protección de su familia, vivía retirado del servicio educativo. De corte guevariano, solo un imponderable como la muerte podía doblegarlo.
Egresado de la Escuela Normal Urbana, donde fue un destacado líder estudiantil, se dedicó al desempeño de su magisterio, como un ameritado docente desde el banquillo de la escuela primaria, hasta ocupar, la cátedra en las instituciones formadoras de docentes. Dejó constancia de su pedagogía en la Escuela Normal Superior de Nayarit. Como educador fue relevante en el análisis, la crítica y la pedagogía de vanguardia. En sus últimos años activos, fue Director del CBTI de Ixtlán del Río y de las Escuelas Normales Experimentales de Atequiza y de Ciudad Guzmán.
En la confrontación política y el debate ideológico, como líder sindical, su discurso fue temido, inflexible y contundente. Por su participación en múltiples controversias, en la ENSN se le calificó como “Ave de Tempestades”, como ex Director de la ENSN, en honor a la verdad y en gratitud por su colaboración, diría que mas bien fue un “Halcón Desafiante de Tornados”.
Como luchador sindical jamás pidió cuartel ni nadie pudo darse el lujo de humillarlo. Siempre fue un digno oponente del cacicazgo de la Sección 20 del SNTE, a quien desafió con desdén, tan solo por tal osadía, se le debió permitir regresar a morir a su trinchera de origen, pero, “el látigo del cacicazgo trazó en el aire su rúbrica”.Alejandro supo hacer amigos, los que así nos consideramos, supimos de su generosidad y nobleza. Algunos conservamos su amistad, cómo y cuánto, hasta que él quiso. De los que no la conservaron, siempre comprendió sus razones para ello. Al final todos lamentamos su pérdida. Alejandro: “Hasta reandar lo andado”. Maestro. Enrique Figueroa Romero. Director de la Unidad 181 UPN.
Elvia Jiménez Wongpio QEPD.
A través de Elisa y Ernestina, directivos de la escuela secundaria de Tecuala, me enteré que la Profesora. Elvia Jiménez Wongpio sería epónima de la generación saliente de esa honorable institución educativa, en reconocimiento a sus múltiples méritos pedagógicos y ciudadanos que la hacen una de las maestras más respetables y conocidas de la región norte del estado y al mismo tiempo, por haber cumplido 40 años de servicio educativo en beneficio de los niños y adolescentes de su ciudad de origen. Por todo el respaldo recibido como subdirector de los compañeros de dicha escuela y por las muestras de amistad recibidas durante 10 años de mi permanencia en la región, en contra de mis costumbres, acepté se me honrara como padrino de generación para tener la oportunidad de estar presente, en ese humilde pero muy significativo homenaje que se le rinde a tan destacada maestra. Tengo razones personales de gratitud a Elvia, una de ellas, el haberme Abierto espacio en la escuela primaria donde era directora, oponiéndose a opiniones políticas contrarias que prevalecían hace 20 años. Tuve la fortuna de encontrar en ella, una directora que me brindó su amistad, comprensión y apoyo, para sostenerme y proyectar al turno escolar encomendado a los niveles que alcanzó, sobre el resto de las escuelas de su nivel.
Elvia ha sido la única mujer que cubrió el puesto de Secretaria del Ayuntamiento, como tal, me indujo a que aceptara ser subdirector, brindándome un apoyo que totalmente me otorgó para el cumplimiento de mi cometido oficial. Con la sinceridad y el valor con la que siempre se entregó a los amigos, Elvia: "hasta reandar lo andado"
A través de Elisa y Ernestina, directivos de la escuela secundaria de Tecuala, me enteré que la Profesora. Elvia Jiménez Wongpio sería epónima de la generación saliente de esa honorable institución educativa, en reconocimiento a sus múltiples méritos pedagógicos y ciudadanos que la hacen una de las maestras más respetables y conocidas de la región norte del estado y al mismo tiempo, por haber cumplido 40 años de servicio educativo en beneficio de los niños y adolescentes de su ciudad de origen. Por todo el respaldo recibido como subdirector de los compañeros de dicha escuela y por las muestras de amistad recibidas durante 10 años de mi permanencia en la región, en contra de mis costumbres, acepté se me honrara como padrino de generación para tener la oportunidad de estar presente, en ese humilde pero muy significativo homenaje que se le rinde a tan destacada maestra. Tengo razones personales de gratitud a Elvia, una de ellas, el haberme Abierto espacio en la escuela primaria donde era directora, oponiéndose a opiniones políticas contrarias que prevalecían hace 20 años. Tuve la fortuna de encontrar en ella, una directora que me brindó su amistad, comprensión y apoyo, para sostenerme y proyectar al turno escolar encomendado a los niveles que alcanzó, sobre el resto de las escuelas de su nivel.
Elvia ha sido la única mujer que cubrió el puesto de Secretaria del Ayuntamiento, como tal, me indujo a que aceptara ser subdirector, brindándome un apoyo que totalmente me otorgó para el cumplimiento de mi cometido oficial. Con la sinceridad y el valor con la que siempre se entregó a los amigos, Elvia: "hasta reandar lo andado"
El Peyaya, Manuel Navarrete.
Hijo de profesores, su padre, Manuel Navarrete Saavedra es uno de los íconos de la educación en Tecuala, al que los tecualenses, muy merecidamente lo hicieron epónimo de una de las escuelas del lugar y no podía faltar más, como es la costumbre mexicana el profe Navarrete a su primogénito lo bautizó con el nombre de MANUEL y los vecinos lo rebautizaron con el apodo de PEYAYA y no basándose en sus características físicas o en sus cualidades, sino que éste comentaba que cuando muy pequeño, todavía sin dominio del lenguaje y con una gran simpatía que conservó hasta los últimos días de su existencia, los vecinos le hacían travesuras de cariño “simulando” agarrarle el pipirín y manuelillo tomando unas piedras los amenazaba: “te voy a dal unas peyayas” y así fue como nació su nombre por el que fue más conocido.
Manuel, tuvo la fortuna de casarse con María Dolores Illán, con la que procreó cinco hijos más parecidos a la madre que al papá, el matrimonio quería que fueran tres, pero siempre hay un campito para otro improvisado en la cuna del más “pequeño” y fueron dos más. Lola fue una excelente esposa que siempre estuvo al pendiente de la formación de sus hijos y al cuidado de su esposo, hasta el último momento a pesar de sus problemas de salud que le aquejan. El PEYAYA como profesor normalista no tuvo la trascendencia de su progenitor, pero si trató de ser digno hijo de él, laborando en varias escuelas primarias rurales y jubilándose en una escuela de la cabecera municipal.
Manuel era un mocetón rectangular de baja de estatura y no mal parecido, digno ejemplar costeño con las costumbres de este medio muy arraigadas, pero la virtud que lo significaba, era su simpatía innata que no iba de acuerdo a su físico, pero que tal vez contribuía para ello, su respeto a las jerarquías, su amabilidad, su aceptación a que lo bromearan y su disponibilidad a acompañar a los amigos, aunque el “mundo se le viniera encima”. El Peyaya, era un chico querendón que supo ganarse muchos afectos, los cuales se exhibieron en un funeral tan nutrido y con tantos comentarios anecdóticos del difunto, como pocas veces se ha visto en Tecuala, me lo dijo el profesor Chuy Cortes, el amigo con tan solo un brazo que era capaz de jugar de catcher y volarse la barda del estadio de Acaponeta, y que tanto lo quiso. Manuel demostró en el último momento terrenal que: “la virtud se ve tan bien en la ropa humilde de profesor normalista, como en la pomposa y fina de un rico empresario”. Peyaya, "hasta reamdar lo andado".
Hijo de profesores, su padre, Manuel Navarrete Saavedra es uno de los íconos de la educación en Tecuala, al que los tecualenses, muy merecidamente lo hicieron epónimo de una de las escuelas del lugar y no podía faltar más, como es la costumbre mexicana el profe Navarrete a su primogénito lo bautizó con el nombre de MANUEL y los vecinos lo rebautizaron con el apodo de PEYAYA y no basándose en sus características físicas o en sus cualidades, sino que éste comentaba que cuando muy pequeño, todavía sin dominio del lenguaje y con una gran simpatía que conservó hasta los últimos días de su existencia, los vecinos le hacían travesuras de cariño “simulando” agarrarle el pipirín y manuelillo tomando unas piedras los amenazaba: “te voy a dal unas peyayas” y así fue como nació su nombre por el que fue más conocido.
Manuel, tuvo la fortuna de casarse con María Dolores Illán, con la que procreó cinco hijos más parecidos a la madre que al papá, el matrimonio quería que fueran tres, pero siempre hay un campito para otro improvisado en la cuna del más “pequeño” y fueron dos más. Lola fue una excelente esposa que siempre estuvo al pendiente de la formación de sus hijos y al cuidado de su esposo, hasta el último momento a pesar de sus problemas de salud que le aquejan. El PEYAYA como profesor normalista no tuvo la trascendencia de su progenitor, pero si trató de ser digno hijo de él, laborando en varias escuelas primarias rurales y jubilándose en una escuela de la cabecera municipal.
Manuel era un mocetón rectangular de baja de estatura y no mal parecido, digno ejemplar costeño con las costumbres de este medio muy arraigadas, pero la virtud que lo significaba, era su simpatía innata que no iba de acuerdo a su físico, pero que tal vez contribuía para ello, su respeto a las jerarquías, su amabilidad, su aceptación a que lo bromearan y su disponibilidad a acompañar a los amigos, aunque el “mundo se le viniera encima”. El Peyaya, era un chico querendón que supo ganarse muchos afectos, los cuales se exhibieron en un funeral tan nutrido y con tantos comentarios anecdóticos del difunto, como pocas veces se ha visto en Tecuala, me lo dijo el profesor Chuy Cortes, el amigo con tan solo un brazo que era capaz de jugar de catcher y volarse la barda del estadio de Acaponeta, y que tanto lo quiso. Manuel demostró en el último momento terrenal que: “la virtud se ve tan bien en la ropa humilde de profesor normalista, como en la pomposa y fina de un rico empresario”. Peyaya, "hasta reamdar lo andado".
Héctor Refugio Becerra Rodríguez
Héctor Refugio, nació en Tecuala el 19 de diciembre de 1941, un familiar hizo que su educación primaria la iniciara en una escuela rural de La Esperanza Jalisco, ante la resistencia de su papá, el cual, se obstinaba en ocupar a Refugio en la elaboración de dulces regionales y el aprendizaje de la música que era el oficio familiar, luego, ante la insistencia de Cuco, su papá accedió a que terminara el nivel básico en la Escuela Primaria “Constitución”. Posteriormente, ingresó y egresó en la Escuela Secundaria “Amado Nervo”, donde ya era Director el Profr. Juan José Ley Mitre.
El Cuco, así lo llamaba su queridísima comadre Maria Elena Arellano; los dos fueron condiscípulos y junto con Rosa María Peña, Soledad Melín y la Profesora Inolvidable Elvia Jiménez Wonpio, formaron un grupo social sentimentalmente muy unidos. Maria Elena lo recomendó para que ingresara como Profesor de Artísticas en la Escuela Secundaria FederaL de San Felipe Aztatán, ahí fue donde lo conocí y con el tiempo llegué a fincar una buena amistad con él y su esposa Esthela Mallorquín Reyes con la que engendró cuatro hijos, Eneida Selene, José Rogelio, Isaura Rosana y Eleané Valeria. Esthela subsiste por la calle Juárez oriente en Tecuala, en el mismo domicilio donde integró su familia con Héctor Refugio.
El Profesor Cuco Becerra, como lo conocían sus alumnos y compañeros de la escuela donde prestaba sus servicios hasta el día de su fallecimiento, alcanzó una gran popularidad, porque todo lo que hacía era una manifestación simpática que lo caracterizaba y que la comunidad se lo festejaba. El Cuco hacía el recorrido diario de Tecuala a San Felipe, inicialmente, en una bicicleta que parecía imposible que resistiera, luego, cuando todos sus compañeros compraron automóvil, él compró una motocicleta de rodado delgado que la cuidaba como si fuera la “niña de sus ojos”, orgulloso iba y venía y viceversa y hasta se daba el lujo de dar “rait” a algún alumno que se retrasaba y por último, adquirió un modelito atrasado de automóvil que lo embelleció renovando su pintura y poniéndole accesorios de alumnio, lo cuidaba tanto, que los “raites” se acabaron. El Cuco fue un instrumentista musical que dominaba todos los instrumentos de percusión y de cuerdas, un profesor improvisado de educación artística, un músico por herencia y placer, un docente de gran eficiencia y sensibilidad con gran dominio de su especialidad, doy testimonio, de que el Profe Cuco era capaz de improvisar en término de dos horas, un conjunto musical estudiantil con ocho músicos y que tocarán mínimo doce piezas musicales. Su trato afable con todos, el deleite mostrado al hacer su música, la dicha con la que vivió, la empatía manifestada y el afecto que supo dar, fueron ingredientes, para que en sus exequias, se le despidiera multiplicados los dones que nos otorgó: “Hay amigos que lo son para la ruina, pero los hay más afectos que un hermano”: La Biblia. Cuco: "hasta reandar lo andado".
Héctor Refugio, nació en Tecuala el 19 de diciembre de 1941, un familiar hizo que su educación primaria la iniciara en una escuela rural de La Esperanza Jalisco, ante la resistencia de su papá, el cual, se obstinaba en ocupar a Refugio en la elaboración de dulces regionales y el aprendizaje de la música que era el oficio familiar, luego, ante la insistencia de Cuco, su papá accedió a que terminara el nivel básico en la Escuela Primaria “Constitución”. Posteriormente, ingresó y egresó en la Escuela Secundaria “Amado Nervo”, donde ya era Director el Profr. Juan José Ley Mitre.
El Cuco, así lo llamaba su queridísima comadre Maria Elena Arellano; los dos fueron condiscípulos y junto con Rosa María Peña, Soledad Melín y la Profesora Inolvidable Elvia Jiménez Wonpio, formaron un grupo social sentimentalmente muy unidos. Maria Elena lo recomendó para que ingresara como Profesor de Artísticas en la Escuela Secundaria FederaL de San Felipe Aztatán, ahí fue donde lo conocí y con el tiempo llegué a fincar una buena amistad con él y su esposa Esthela Mallorquín Reyes con la que engendró cuatro hijos, Eneida Selene, José Rogelio, Isaura Rosana y Eleané Valeria. Esthela subsiste por la calle Juárez oriente en Tecuala, en el mismo domicilio donde integró su familia con Héctor Refugio.
El Profesor Cuco Becerra, como lo conocían sus alumnos y compañeros de la escuela donde prestaba sus servicios hasta el día de su fallecimiento, alcanzó una gran popularidad, porque todo lo que hacía era una manifestación simpática que lo caracterizaba y que la comunidad se lo festejaba. El Cuco hacía el recorrido diario de Tecuala a San Felipe, inicialmente, en una bicicleta que parecía imposible que resistiera, luego, cuando todos sus compañeros compraron automóvil, él compró una motocicleta de rodado delgado que la cuidaba como si fuera la “niña de sus ojos”, orgulloso iba y venía y viceversa y hasta se daba el lujo de dar “rait” a algún alumno que se retrasaba y por último, adquirió un modelito atrasado de automóvil que lo embelleció renovando su pintura y poniéndole accesorios de alumnio, lo cuidaba tanto, que los “raites” se acabaron. El Cuco fue un instrumentista musical que dominaba todos los instrumentos de percusión y de cuerdas, un profesor improvisado de educación artística, un músico por herencia y placer, un docente de gran eficiencia y sensibilidad con gran dominio de su especialidad, doy testimonio, de que el Profe Cuco era capaz de improvisar en término de dos horas, un conjunto musical estudiantil con ocho músicos y que tocarán mínimo doce piezas musicales. Su trato afable con todos, el deleite mostrado al hacer su música, la dicha con la que vivió, la empatía manifestada y el afecto que supo dar, fueron ingredientes, para que en sus exequias, se le despidiera multiplicados los dones que nos otorgó: “Hay amigos que lo son para la ruina, pero los hay más afectos que un hermano”: La Biblia. Cuco: "hasta reandar lo andado".
